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jueves, 2 de junio de 2011

AÑOS

Tantas veces como se han votos porque el año entrante fuera propicio en uno u otro sentido, nunca entre los bienes posibles se ha enumerado un antidoto contra la prisa.
Porque más que otro bien o virus generalista, la prisa nos mata y antes incluso de llegar a ese límite corrobora la experiencia, decolora el sabor, arruina poco a poco la dosis del día a día.
El desarrollo de la historia humana ha valorado tanto la velocidad que ha llegado hasta un cenit en que lo nuevo siempre resulta más rápido y lo premioso queda despreciado para el progreso. Sólo desde hace poco, cuando se constata dentro y fuera de las autopistas, en el trabajo o en el ocio, que la muerte crece exponencialmente con la veloidad y la calidad de vida se deshace con la aceleración, la lentitud ha recobrado carácter de lujo.
Sólo el sabio y el acaudalado apropiadamente alcanzan a paladear la lentitud que, vista de un lado, discurre como un hermoso animal de placer y de otro representa la salud óptima.
Los grandes títulos, las supremas categorías, las investiduras solemnes requieren de la lentitud como las bodas piden órganos, tules y flores. Nada grande sea en la materia o en el espíritu se desplaza precipitamente porque la prisa es de una dinastia vulgar y casi paúperrima, una suerte de subproducto de aquella civilización que no logra amarse a sí misma...y corre.
El amor, el dolor, la gran pasión son lentas y la existencia no será más o menos larga por sí misma, sino más o menos duradera de acuerdo a su capacidad de entrenerse con nosotros. Vivir velozmente es el anticipo de morir prematuramente....

1 comentario:

  1. Holaaaaaa Yolanda. Tienes mucha razón, así que… me voy corriendoooooo.
    Jajajajaja. Muy Pink Panther el blog. El rosa me gusta, junto con el verde son mis favoritos.
    Un abrazo y nos vemos el viernes.

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